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Jue, 01/10/2026 - 13:14

El cáncer de mama también exige proteger el trabajo y el salario

El cáncer de mama es, en Argentina, la enfermedad oncológica más frecuente entre las mujeres, provoca muertes prematuras y dolorosas y requiere tratamientos agresivos que suelen limitar la vida cotidiana y laboral de las pacientes. A ello se suman la pérdida de ingresos, la ansiedad y la posible depresión derivadas de convivir con un cuerpo que, aunque no lo evidencie desde afuera, ha sido arrasado. Todo esto configura un problema político y social del que el Estado debe hacerse cargo.

"El Estado no puede quedar indiferente ante los problemas de la salud de un pueblo, porque un pueblo de enfermos no es, ni puede ser, un pueblo digno", afirmó Ramón Carrillo, primer Ministro de Salud de nuestro país. Durante los gobiernos peronistas, la salud como política de Estado se expresó en la creación del Ministerio de Salud de la Nación. En aquellos años se estableció la atención gratuita para toda la población, reflejando una concepción social de la medicina que priorizaba la salud como derecho humano y abordaba las causas sociales de la enfermedad, tales como el estrés, los bajos salarios, la falta de trabajo, la alimentación deficitaria, el pluriempleo, la pobreza y la exclusión.

“INSTITÚYESE EL MES DE OCTUBRE DE CADA AÑO COMO ‘MES NACIONAL DE CONCIENTIZACIÓN SOBRE EL CÁNCER DE MAMA’” Ley 26.606

“No tenemos límite en los gastos para la salud pública” Perón 1953

En contraposición, desde la asunción de Javier Milei se viene produciendo un proceso de desfinanciamiento del sistema sanitario argentino. El presupuesto ejecutado del Ministerio de Salud cayó un 40%, hubo una reducción de 5.000 millones de pesos en el programa nacional de investigación, prevención y tratamiento del cáncer, afectando al banco de drogas oncológicas; y una disminución de 20.000 millones de pesos destinados a medicamentos de alto costo y asistencia directa (DADSE), lo que generó demoras en tratamientos oncológicos. Con obras sociales desfinanciadas y hospitales saturados, la salud, que constituye un derecho humano fundamental, se está transformando en un negocio.

La legislación argentina contempla licencias por enfermedad que, cuando la antigüedad es menor a cinco años, son de tres meses con goce de sueldo y se extienden a seis meses si la trabajadora tiene cargas de familia. Cuando la antigüedad supera los cinco años, corresponden seis meses de licencia paga y doce meses en caso de tener cargas de familia. Conocemos casos de compañeras que debieron regresar a sus puestos de trabajo cuando aún no habían finalizado sus sesiones de quimioterapia.

En la provincia del Chaco, por ejemplo, la Ley Provincial N.º 5447, sancionada en 2004, otorga a las trabajadoras de la administración pública provincial, entes autárquicos y el sistema educativo público un día de licencia para realizarse exámenes de Papanicolaou, colposcopía y mamografía, aunque su cumplimiento sigue siendo limitado.

Desde la Asociación del Personal Aeronáutico exigimos un Estado presente que impulse leyes laborales acordes a los tiempos que requieren estos tratamientos, que promueva los chequeos periódicos para la detección temprana del cáncer de mama, que difunda información sobre hábitos protectores y signos de alarma, y que contemple la realidad que atraviesan mujeres y diversidades, para quienes las tareas de cuidado, las exigencias laborales y la falta de tiempo libre dificultan la asistencia a los controles médicos. Recibir un diagnóstico de cáncer, saber que quizás vas a perder las tetas, la fertilidad, el pelo, atravesar tratamientos que afectan la salud física y emocional, e incluso enfrentar alteraciones cognitivas como consecuencia de ellos, implica un duelo corporal profundo y un enorme desafío de adaptación. Esa carga ya debería ser suficiente como para no tener que preocuparse, además, por la continuidad del salario o la conservación del puesto de trabajo.

Eva Nacul, delegada de las compañeras y compañeros de Perú 2 e incansable militante de APA, recuerda:

Con María del Carmen construimos un vínculo especial. Siempre sonreía. Compartía con nosotras sus internas familiares, sus acrobacias como madre trabajadora y las dificultades para hacerse un tiempo para ella. Durante el Mundial nos recordó que hacía veinte años que los partidos no se proyectaban en el salón principal de Perú 2 y, juntas, definimos un sueño: volver a ver a Messi en pantalla gigante. Lo hicimos. Festejamos y nos emocionamos juntas. Esta campaña es un homenaje para ella y para todas las compañeras que perdimos en el camino, para las que lograron curarse, para quienes atravesaron la enfermedad en soledad y para aquellas que, inevitablemente, afrontarán ese recorrido en el futuro.